Degustar sí, pero no ponerse las botas



El comedor de la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) ofrece un menú variado y con muchas posibilidades

Daniel Bermejo.- De primero una menestra de verduras, de segundo trucha a la navarra y de postre un arroz con leche. Esta es una de las combinaciones culinarias que se puede degustar en el edificio restauración de la URJC. No es un restaurante “estrellado” por la Guía Michelin ni cuenta entre los fogones con Adrià o Arguiñano, pero la presencia de cientos de alumnos cada día deja entrever que los llamados menús de rancho no tienen por qué ser malos. En el caso de la universidad son variados y adecuados para la salud.

“Uno de los factores más importantes a la hora de realizar un menú a gran escala, como es el caso de la universidad, es la variedad”, dice la diplomada en Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Autónoma de Madrid, Lara Buey González, . Hay que tener en cuenta que la sociedad española actual es multicultural, lo que implica la presencia de individuos de diferentes religiones, nacionalidades y con diferentes características culturales. Esta característica social hace que los cocineros de colectividades se las ingenien en el momento de preparar las comidas. Sin embargo, “con que una de las opciones del menú diario sean verduras, legumbres u hortalizas, es suficiente para complacer las necesidades y gustos de una gran parte de los comensales”, afirma la nutricionista.

La opción más sana llegará al Congreso
Esta opinión no se queda aquí. Así lo contempla, al menos, el anteproyecto de ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, en el que trabaja la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN), dependiente del Ministerio de Sanidad, y que, entre las medidas más destacadas, figura la prohibición de que los alimentos superen un nivel de contenido de grasas trans superior al 2%.

En un análisis detallado que ofreció Buey, valoró positivamente la presencia diaria de ensalada y otro plato de origen vegetal para comenzar. Además, según cuenta el cocinero de la URJC Antonio Villa, los menús pueden variar dentro de estos parámetros según la época del año: “En verano solemos servir platos fríos como ensaladillas, pero en invierno lo que más se consume son sopas y purés”.

Un punto débil que consta en el análisis, es la presencia de carnes o embutidos que acompañan a las legumbres o la pasta en los primeros platos. En cuanto a los segundos, es acertada la inclusión del pescado, mejor al horno o a la plancha, porque aporta grasas insaturadas que son beneficiosas para el organismo. Con respecto a las carnes, “habría que aumentar el consumo de carnes magras como el pollo o el pavo”, señala el estudio.

En cuanto a los postres, considera la nutricionista que es fundamental la posibilidad de elegir frutas y yogur, opción siempre presente en el comedor. Y en referencia al resto de postres que acompañan a la fruta y el yogur (postres caseros, normalmente con mucho azúcar), Buey recalca: “yo personalmente haría campaña para promover sea como sea el consumo de frutas en detrimento de postres dulces o bollería industrial”.

La conclusión final que aporta la dietista es que es un menú muy variado y con muchas posibilidades. También hay que tener en cuenta la forma de elaborar todos los platos, evitando un exceso de grasa y de sal. Y la recomendación harto famosa, que tantas veces se ha escuchado a los médicos y nutricionistas: “Es equilibrado en la medida que las personas sepan no abusar de aquellos platos menos recomendados”. Asique por lo pronto: degustar sí, pero no ponerse las botas.

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